Los rusos hacen cosas muy raras... pero son gente súper amable

Seguro que hay tres cosas que conoces de Rusia: Putin, la catedral de San Basilio y los vídeos de rusos locos. No sé si será por el frío, pero los rusos tienen un carácter especial que hacen que las situaciones extrañas afloren cuando te encuentras en el país.

Aquí va una breve recopilación de ellas para que os podáis reír un poco de algunas cosas que a nosotros nos dejaron alucinados.

Antes de que leas este post y pienses alguna cosa rara sobre los rusos debes saber que son gente extremadamente amable que aunque no te entienda siempre trata de hacerse entender y echarte una mano, así que algunos de los comportamientos extraños que leeréis en este post no se corresponden a la población en general. En un país con 146,6 millones de habitantes, lógicamente, hay gente de todo tipo.

Por favor, no dispare al malhechor

Lo primero que vimos nada más llegar a Rusia fue un anuncio en el que el gobierno solicitaba a sus ciudadanos que en caso de ver a alguien cometiendo un delito llamasen a la policía en lugar de pegarle un tiro (Nos asusto un poco, pero con la emoción de llegar no le dimos mucha importancia)

Nina, la señora que nos vino a salvar y acabó volviéndonos locos

Como ya os he comentado antes, los rusos son gente muy amable. De esto nos dimos cuenta en cuanto tomamos el avión de Estambul a Moscú, en el que una señora de unos 75 años se intentó comunicar con nosotros con una mezcla entre ingles y ruso con el se hacia entender. Durante el vuelo nos estuvo enseñando muchas palabras en ruso y a decir ciertas frases.

La señora se ofreció muy amablemente a ayudarnos a llegar hasta Moscú, aunque solo teníamos que coger un tren y ya teníamos los billetes comprados previamente. Nina, iba hablando con todo el mundo sobre nosotros, al principio nos parecía divertido como les decía que los “spanski” iban a hacer o a donde iban a ir pero cuando la policía nos pregunto por segunda vez si teníamos algún problema dejó de tener gracia…

También perdimos un tren (son cada hora) porque Nina no quería recoger su maleta en el recoge-equipajes señalizado para el vuelo de Estambul, sino que quería recoger su maleta en el de Teherán.

Creo que al final hasta la ayudamos más nosotros, porque tampoco sabía muy bien donde estaba el tren, más bien nosotros guiábamos y ella hacía la parte de preguntar a los rusos. Fue una experiencia muy divertida, y aunque no nos sirvió de mucha ayuda, le agradecimos enormemente el gesto que hizo de corazón.

Un kalashnikov en el metro

El metro de Moscú es uno de los más seguros del planeta, o al menos eso parece teniendo en cuenta los controles que hay que pasar para montar en el suburbano. Eso no te impide llevarte algún susto como el que nos llevamos nosotros.

Por alguna extraña razón, miramos a las pantallitas donde se pueden ver los objetos bajo los rayos x y nos encontramos nada más y nada menos con ¡una maleta con un kalashnikov!

Después de volver corriendo al hostel y darle un par de vueltas llegamos a la conclusión de que se podría tratar de algún tipo de ‘guía’ o de imagen de prueba por si ocurriese esto en verdad, pero el susto que nos llevamos fue curioso.

Esquivados por los coches

Los pasos de cebra de Rusia no son como los que conocemos por aquí. En nuestro caso, si los coches consideraban que no lo cruzábamos lo suficientemente rápido nos pitaban o nos esquivaban (incluso con el semáforo en rojo).

Toqué una granada

Estábamos en el mercado de Izmailovo cuando entre todos los elementos que se vendían por allí nos encontramos con una granada. Aunque dicen que la curiosidad mató al gato, yo (Erik) no me pude resistir y tuve que tocarla. Más adelante nos dimos cuenta de que tienen un espacio del mercado dedicado única y exclusivamente a las armas…

Los rusos ven vídeos de rusos

Como lo lees. En el hostel coincidíamos con rusos jóvenes y cada noche se hinchaban a ver vídeos de rusos en la televisión meándose de risa. Parece que en Rusia es costumbre ver ese tipo de vídeos porque los llegan a emitir hasta en prime time.

¿Hace calor? Pues abre la ventana

¿Os imagináis tener la calefacción en casa a tope y a la vez las ventanas abiertas de par en par? Por allí era lo más común. En lugar de rebajar un poco la calefacción lo que hacían era abrir las ventanas para que entrase un poco el fresco. Ay si les llega a ver mi madre…!!!

¡¡¡Niet Euro!!!

En nuestro segundo contacto directo con los rusos (el primero fue con Nina, la historia que os hemos contado un poco más arriba) nos llevamos un buen bufido. Entramos a cambiar euros a rublos en unas cabinas de cambio que había en Kievskaya, y la mujer que estaba al corriente de las operaciones se asomó con gesto desafiante a lo que yo respondí:

  • ¿Euro?
  • Josjerk ajsdkpfefj odàpasd ak àpwd ks (respuesta incomprensible en ruso)

Como no entendía ni flowers me quedé un segundo esperando a sacar el dinero o no hasta que un bufido de la rusa me dio a entender que no iba a poder ayudarme con ese cambio

  • ¡¡¡¡¡¡NIET EURO!!!!!!

(La verdad que la historía tiene mucha más gracia cuando le ponemos la voy gruñoña de la dependienta gritando)

Nos sentíamos VIP con el carnet del estudiante

Tuvimos la genialísima idea de hacernos el carnet del estudiante del ISIC antes de viajar a Rusia, y fue estupendo porque nos hicieron descuento en mil y un lugares diferentes. Hubo en algunos como en el Hermitage en el que entramos hasta gratis (así que aprovechamos y lo vimos 2 veces).

¿BigMac a 3 euros?

Era nuestro primer día en Rusia y estábamos muy cansados del viaje (que duró 24 horas). Peeero, el entusiasmo por ver Moscú por primera vez hizo que se nos olvidasen los bocadillos en el hostel, y como todavía no conocíamos el significado de pectopah (restaurante), se nos abrió el cielo al ver la M del McDonalds.

“A ver cuánto nos clavan” pensamos al entrar, pero para nuestra sorpresa nos salió muy barato. Un menú pequeño de Big Mac no superaba los 4 euros, así que quedamos encantados, aunque para otros días nos decantamos por otros restaurantes ‘más rusos’.

Un ruso se cagó en toda mi familia (pero no lo pudimos entender)

Fue en el mercado de Izmailovo. Estábamos negociando por un gorro muy bonito que había visto Nora. Tras un buen rato de negociaciones e intentar venderme uno más pequeño que era evidente que no me valía, el hombre accedió a darnos el gorro por mil rublos. Nos fuimos tan felices pero al de 500 metros Nora dice, espera me lo voy a probar que este espabilado fijo que nos ha dado el pequeño… y EFECTIVAMENTEEEE!!!!

Al volver lo pillamos desprevenido, y en lugar de darnos el gorro anterior por el que habíamos negociado nos lanzó –literalmente- el dinero mientras se marchaba gritando y mirándonos con cara de haberle meado el chiringuito. Se cagó en toda nuestra familia, pero no podemos constatar las palabras exactas con las que lo hizo.

Casi nos detienen en el Kremlin

Que quede claro antes de empezar que esto fue culpa de Nora. Estábamos pasando el control de mochilas del kremlin cuando, al pasar la mochila de Nora, uno de los militares empezó a chillar a otro mientras señalaba nuestra mochila.

El militar se giró y le preguntó a Nora en inglés: – ¿Qué llevas ahí? +Nada… – ¿Llevas un cuchillo? + ¿Un cuchillo? No…

Y de esto que Nora mete la mano en la mochila y saca el cuchillo de untar mantequilla que había cogido del avión de Turkish Airlines. Al ver la mierda de cuchillo que era el militar se relajó, pero soltó en un tono muy seco: – Fuera de aquí + Pero, ¿me voy fuera, lo tiro y vuelvo a entrar? – …Sí

Ufff… menos mal. Conseguimos entrar después del altercado y disfrutamos del lugar, que merece la pena.

Cenamos en el crustáceo crujiente

Como lo lees, el restaurante de Bob Esponja. Estaba en la calle Arbat y decidimos que no podíamos perder esta oportunidad. El sitio era bastante barato, y las hamburguesas estaban muy buenas. En este post te hablamos un poco de este restaurante.

En bikini sobre el hielo

Los rusos están hechos de otra pasta. En San Petersburgo pudimos ver uno de los rituales más extraños de esta gente… tomar el sol sobre las placas de hielo del río.

La situación no pudo ser más extraña. Desde lejos vimos a un grupo de personas con el torso desnudo apoyados en la pared de la fortaleza de Pedro y Pablo. Parecía como si se estuviesen preparando para una carrera o algo parecido, pero lo que estaban haciendo realmente era tomar el sol.

Luego nos enteramos de que por allí cada vez que salen dos rayitos de sol la gente aprovecha para broncearse un poquito.

Maldito seas, John Kerry

Resulta que coincidimos con la visita del Señor John Kerry. ¿Qué pasó? Que nos cerraron la plaza roja durante varios días y Moscú se llenó de militares.

Además se redoblaron los controles y nos jodieron todo lo que teníamos planificado en los dos días siguientes… en buena hora decidieron Rusia y EEUU ponerse en sintonía…

El lago de los cisnes en el metro

Teníamos intención de ver ballet, lo que no sabíamos es que iba a ser de tan cerca. En el metro de San Petersburgo me chorizaron la cartera. El vagón estaba lleno, y cuatro personas me rodearon y comenzaron a palparme entero (no quedé embarazado de milagro).

Sabía que me estaban robando, pero no podía hacer nada así que me tuve que resignar y pedirles a los ladrones que me la devolviesen o que me acompañasen a por ella. Al final volvimos a la estación anterior y un señor un poco raro nos la devolvió, eso sí, seca. Menos mal que no había mucho dinero…aunque espero que se lo estén gastando en medicamentos a mi salud chin, chin.

Paseo en furgoneta de policía

Aunque no todo en esa experiencia fue malo. Nos acercamos a la policía para denunciar lo que había pasado y nos dieron un paseo en furgoneta por San Petersburgo. Eso sí, conducían al ‘estilo ruso’ y no llevaban cinturón de seguridad. Con cada frenazo creíamos que nos estampábamos contra el cristal.

Helicópteros en la plaza roja

Nuestro último día no iba a estar exento de sorpresas. Mientras paseábamos por la plaza roja comenzamos a escuchar un sonido atronador que no sabíamos de donde provenía, hasta que alzamos las cabezas y vimos aparecer entre varios edificios un helicóptero verde, del estilo de los que usa el ejército.

Aterrizó el primero y a los pocos segundos volvimos a escuchar el mismo sonido, otro helicóptero que aterrizaba en el mismo lugar que el anterior.

Goodbye Lenin

Una de las cosas que más ganas tenía de hacer en el viaje era visitar el Mausoleo de Lenin, así que ya adivinaréis que ocurrió…

En efecto, los días que podíamos verlo nos cerraron la plaza roja, y el día que volvimos era viernes y estaba cerrado. Para más inri, nos adelantaron un vuelo y nos impidieron verlo el sábado. Lo peor de todo es que es probable que después del mundial de fútbol quiten su mausoleo y lo entierren en San Petersburgo junto a su madre.

Despedida agridulce

En el control del aeropuerto, una de las vigilantes empezó a señalar la parte de debajo de la mochila y a darle golpes mientras nos decía algo en ruso.

Como no entendíamos ni papa le dijimos educadamente: In english, please? A lo que respondió en un perfecto inglés con un tono bastante lamentable: In russian, please?

La hubiese respondido: yo no trabajo en un aeropuerto, hija de fruta. Pero mis conocimientos de ruso solo dan para Da, niet, pectopah, apteka y khoroso, así que me tuve que callar.

Fuimos a por caviar… y nos llevamos una lata de paté

Esta fue la última y más genial de todas. Con el poco dinero que nos quedaba decidimos darnos un homenaje y comprar alguna latita de caviar para probar a la vuelta.

No teníamos ninguna fe en que pasase el control del aeropuerto, así que compramos una de las más normaluchas. Para nuestra sorpresa las latas pasaron todos los controles y las pudimos traer a casa.

Aunque lo que más nos sorprendió fue otra cosa. Resulta que el día que la íbamos a probar, al abrirla, nos encontramos con una especie de paté extraño, aunque el dibujo que salía en la lata era de caviar. Los rusos volvieron a ganar. Epic win.

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