Majestuosa, imperial, imponente… habría muchos adjetivos con los que podríamos describir a la ciudad de Viena, pero seguro que ninguno de ellos le haría justicia. Esta ciudad, a pesar del frío demoniaco que pasamos (¡y eso que somos de Bilbao!), nos cautivó, y por eso te traemos un resumen de las cosas que nos hicieron enamorarnos de la capital austriaca. Este post te puede servir como guía cuando visites la ciudad.

¿ Qué ver en Viena?

Llegamos a Viena en un autobús de SlovakLines, que no era como la genial Student Agency pero tampoco estuvo nada mal,  desde Bratislava por unos 6 euros y medio. El trayecto era corto, de una hora y poco, así que cogimos el que llegaba a Viena a las 8:55 para disfrutar al máximo de la ciudad. No nos costó mucho encontrar un alojamiento en Viena, hay múltiples páginas web donde puedes encontrarlo, pero no eran muy baratos, al final nos decantamos por uno un poco más caro pero que estaba en el centro.  Al llegar a Viena nos fuimos hasta nuestro hostel, el Wombats City Hostel, un increíble lugar que te recomendamos encarecidamente (Próximamente publicaremos un post sobre el hostel, aunque ya te adelantamos que era un hostal 5 estrellas, ni comparación con los que habíamos estado antes, aunque eso también se notó en el presupuesto)

Primer día: Centro de Viena y alrededores

El primer día nos dedicamos a ver el centro de Viena. Como nuestro hostel estaba justo enfrente del mercado Naschmarkt (el mercado típico de Viena) empezamos el recorrido por allí, para nuestra desgracia ese día estaba todo el mercado cerrado por ser lunes de pascua. Al día siguiente pudimos disfrutar de él y hay cantidad de puestos de quesos típicos, comida marroquí, comida típica austriaca incluidos el Schnitzel y la tarta Sacher…, cuando os hablemos del segundo día os diremos sitios baratitos en los que poder disfrutarlos.

Seguimos hacia la Ópera, por fuera nos pareció majestuoso, pero por dentro… boqueabiertos nos quedamos, además aquí os contamos un truquito para ver la ópera por menos de 4 euros. En los alrededores de la calle de la ópera hay un paseo de la fama con compositores que han actuado allí, Mozart, Beethoven, Chopin, Schubert…

Continuamos el recorrido por el Burggarten, un parque en el que se encuentran tanto una parte del Palacio Imperial de Hofburg, como la casa de las mariposas (de la que os hablaremos en nuestro tercer día en Viena), sin olvidarnos por supuesto de la estatua de Mozart. Allí nos hicimos las típicas fotos con la estatua de Mozart y la clave de sol hecha de flores, bueno digamos la verdad… ese día nos hicimos algunas fotos, pero entre que había gente, que no quedaron bien… volvimos tres veces a hacernoslas! Bueno también es verdad que yo estaba enamorada de la clave de sol.

Justo frente a la clave de sol esta la puerta que lleva a la zona de los museos de Historia del Arte e Historia Natural, dos edificios gemelos enormes y preciosos (no los visitamos por dentro, pero seguro que son la mar de interesantes) y continuamos un poco más adelante hasta el parlamento, y ¡qué parlamento! Enamorada me tiene… es como un palacio! Todo blanco, con una entrada espectacular, con detalles muy bonitos y una estética digna del imperio austrohúngaro.

Edificios gemelos

Parlamento

Después, continuamos hasta el Rathaus (ayuntamiento), en este punto tenemos disparidad de opiniones, a Erik le pareció muy bonito y a mi no me gustó nada, tal vez fuese porque acababa de ver el parlamento, porque estaba todo lleno de obras por delante… En lo que estamos de acuerdo es que nos pareció muy gracioso que en los alrededores del parque del Rathaus hay como 5 millones de bancos, bueno, igual exageramos un poquito… pero os dejamos una foto para que veáis que no vamos tan desencaminados en el número.

Desde allí nos fuimos a (intentar) ver el famoso café central, pero como estaba lleno de gente no pudimos entrar, siendo sinceros… no quisimos hacer la cola. Pero en nuestro tercer día en Viena os contaremos la experiencia que tuvimos allí. En una tiendita cercana compramos los famosos bombones de Mozart, los Mozartkugel (compramos uno para probar, por 0,75 céntimos), son de chocolate y mazapán de pistacho, la verdad que no nos gustó mucho, pero hay que probar todo lo que se pueda 😀

De camino al hostel también pasamos por la escuela de equitación española, que esta en una parte de Hofburg.

Después de ir hasta el hostel a descansar un poquillo fuimos a ver la catedral de Viena, que se llama como la de Budapest, la Catedral de San Esteban y por dentro la verdad es que impresiona, es altísima y muy grande, pero por fuera, al menos yo, me quedo con la de Budapest.

Después fuimos dando un laaargoooo paseo hasta las Hundertwasserhaus, las casas de colores de Viena. En nuestra humilde opinión, son originales y bonitas, creemos que merece la pena verlas, pero nos decepcionó el colorido de las casas, las ves en fotos y parecen que tienen unos colores súper vivos y al llegar allí son más bien unos colores apagados, aunque también es verdad que no hacia ni un rayito de sol… En una tienda cercana descubrí los cuadros de un pintor Vienés famoso, y uno de ellos se ha convertido en mi favorito, lo menciono por si alguno no lo conocéis… en Viena lo venden por todos los rincones, se llama “El beso” de Gustav Klimt. 

No contentos con haber ido andando hasta las casas seguimos caminando, caminando y caminando y al fin conseguimos llegar al Prater, eso sí, destrozados y muertos de frío (y eso que íbamos abrigadísimos) y de repente… SORPRESA, se puso a nevar! Menos mal que paró rápido y nos dejó disfrutar de dar una vuelta en este encantador parque de atracciones (el más antiguo del mundo), no tiene demasiado, pero es cuco. Es típico montarse en la noria gigante desde la que debe verse todo Viena, dicen que merece la pena pero nosotros no quisimos gastarnos 9 euros por montarnos. Y para terminar volvimos al hostel a descansar, esta vez sí, en metro.

Helados hasta los huesos pero con una sonrisa de oreja a oreja, nuestro primer día en Viena fue genial. Tanto, que incluso dimos a probar por primera vez a dos amigos ecuatorianos dos platos ‘typical spanish’, jamón y txipirones en su tinta. ¡TRIUNFAMOS! … y repitieron, pero eso ya es otra historia que os contaremos otro día.