Cuenta la leyenda que fue en Bélgica en el primer sitio en el que se comenzaron a cocinar las patatas fritas tal y como hoy mismo las conocemos. También, a modo de chascarrillo, dicen las malas lenguas que los americanos las llaman French Fries por que durante la segunda guerra mundial, los soldados pasaban a menudo por tierras belgas y disfrutaban de este suculento manjar en una tierra francófona, por lo que supusieron que se encontraban en la mismísima Francia. Aunque es cierto que las patatas fritas son típicas de Bruselas, hay unas que brillan en fama por delante del resto, las patatas del Maison Antoine.

¿Qué tienen de especial las patatas belgas?

Para empezar, el corte de las patatas belgas es distinto a las que se le da en locales de comida rápida. Son unas patatas más gruesas y con algo menos de sal (bastante menos), por lo que hay a mucha gente que no le hacen mucha gracia. Aunque si algo tienen en especial las patatas fritas de Bruselas son sus salsas. Te puedes encontrar mil y un tipos de salsas, aunque dónde más te encontrarás será en el Maison Antoine. Nosotros tuvimos la suerte de probar la Chiken Sauce, la Curry Ketchup y la Andaluza, de las que nos quedamos con la de pollo (Chicken Sauce), que tenía un sabor delicioso y la Andaluza, que tenía un cierto regustillo picante. La de Curry Ketchup no estaba mal, pero no tenía nada en especial.

El principal problema del Maison Antoine es que no está muy cerca del centro, y queda por detrás del parlamento Europeo, por lo que aconsejamos que vayáis a probarlas si la visita os pilla de camino, si no hay muchos rincones de patatas cerca de la Grand Place que también tienen bastantes salsas, aunque no tantas como la mítica caseta de patatas fritas. Nosotros tuvimos la mala suerte de que se puso a diluviar mientras íbamos a buscar nuestras patatas, y por más que corríamos…nunca llegábamos. Lo peor de todo fue el alcantarillado de Bruselas, que deja bastante que desear e hizo que tuvieramos que estar a punto de nadar para cruzar los charcos que había en la calle. Por fortuna al llegar al Maison Antoine nos pudimos cubrir bajo la tejabana del puesto para comer tranquilamente. BLANCE FINAL: Guía Lonely Planet empapada + semicostipado al día siguiente. ¡Menos mal que nos íbamos la tarde siguiente!